
Mayo pasó. Y tanto que pasó. Y han pasado tantas cosas desde que Mayo pasó que casi se me pasa Junio. Un mes más, un mes menos.

Trabajando mucho, viajando más. Con un veranazo por delante y una buena sonrisa por detrás. Porque me da igual si es en autobús, por aire, tren o mar. Lo importante es moverse, viajar. Conocer(te).

Muchas fotos y caras tontas en la huerta. A la decimoséptima va la vencida y luego te doy un beso con nocilla. Vamos a coger
fresas antes de que arramplen con ellas los pequeños =)

Y hay nuevo inquilino en la familia Oronoz Saz. Se llama
Thor y es tan pequeño tan pequeño que a mi perro le da miedo. Son como la noche y el día!

Y Junio llegó, un mes más que será un mes menos. Mundial de fútbol y ahora ya sí lo puedo decir a voz en grito:
El miércoles me voy a París a ver a Jamie Cullum.
Ya tenía ganas de hacer otra locura. Porque me voy, pero me voy sola =)
A la aventura.
He de decir que tengo la entrada desde Noviembre.
Y mi madre se enteró ayer.
Y fingió que se enfadaba.
Pero se le reía el morrillo así que estoy totalmente tranquila.
Porque lo que más odio del verano es tanto calor. Lo que más me gusta es decubrir lo que llevo intuyendo todo el invierno. Que estaba ahí, pero el frío me llevaba a fijarme en otras cosas.
Y en verano puedo estar toda la noche en la ventana esperando a que acabe el ciclo vital de los aspersores del parque. Decidir instalarme de por vida en esa vieja ventana. Una novela romanticona podría empezar así, o acabar. Con una temerosa y la mitad de otro (porque por el momento y hasta nuevo aviso, sólo estás en mi mente) asomados en la terraza de un cuarto piso, esperando con una conversación mil veces hablada a que termine el ciclo vital de los aspersores. Y la luna se aburría y no paraba de moverse en el sofá.
¿Sabes? Hay cosas que nunca cambian.
Adiós!